El coaching en las aulas, en su esencia y lenguaje, es la herramienta perfecta para favorecer aprendizajes escolares para la vida en entornos socioemocionalmente positivos, con experiencias de aprendizaje atentas al bienestar de alumnos y alumnas.
Desde el coaching ontológico como “estilo de vida escolar”, podemos construir infinitas posibilidades para aprender mejor en cada área de conocimiento y en cada nivel educativo, siempre que pensemos nuestras clases en coherencia con los lentes de un docente coach como experto observador del entorno de aprendizaje y la realidad educativa que le toca habitar.
Planificar “entornos de aprendizaje” seguros, motivadores, flexibles y nutritivos es el gran desafío para docentes impulsados por la confianza, la oportunidad y la creatividad en las experiencias que promueven para sus alumnos y alumnas.
El diseño de estos entornos será la base de contextos que abren o cierran posibilidades para el aprendizaje, si valoramos cómo los estados emocionales que se perciben al aprender resultan claramente favorecedores u obstaculizadores del proceso.
Si sentimos confianza y seguridad en la experiencia, el error no nos paraliza, la duda genera preguntas curiosas y la búsqueda de caminos alternativos resulta un hábito.
Si sentimos motivación e interés, naturalmente nos involucramos y dejamos fluir nuestras fortalezas y talentos.
Cuando el entorno en el que se aprende facilita la exploración, la búsqueda y el cambio de rumbo, se flexibilizan pautas de trabajo y se utilizan lentes de múltiples miradas que enfocan diferentes estilos de aprendizaje; hay respeto y contención de la individualidad.
Si las vivencias nos acercan emociones placenteras, asombro, curiosidad y creatividad, algo cambia y nos nutre, enriqueciendo nuestros saberes, resultado final de todo verdadero aprendizaje.
