El asombro y la sorpresa para favorecer aprendizajes

“Activar la atención para fomentar conductas de búsqueda y exploración”.

Ante una experiencia nueva de aprendizaje, la sorpresa y el asombro orientan procesos cognitivos como la memoria, la concentración y la atención. Cuando estos procesos se vuelven intencionales desde la enseñanza, se mejora el entorno para aprender y la experiencia misma.

En la primera infancia, niños y niñas comienzan a descubrir su mundo: todo es nuevo y la sorpresa aparece con facilidad. Lo que sorprende motiva a seguir explorándolo y/o repetirlo. Al preguntarse por aquello desconocido, se dejan asombrar por lo que está a su alrededor, y este asombro da lugar a nuevas preguntas y aprendizajes.

La capacidad de pensar en cosas imposibles e imaginarias es maravillosa; por lo cual, el asombro es un mecanismo innato que debemos aprovechar en todo contexto de aprendizaje. De las experiencias que se generen para aprender dependerá, en muchas ocasiones, mantener viva esta curiosidad y evitar que se pierda con la escolarización.

La niñez habita hoy un mundo que avanza demasiado rápido; cargado de estímulos y con poco espacio para detenerse a observar con ojos curiosos. No hay tiempos para el aburrimiento ni para hacerse preguntas; y cuando aparecen, suelen ser las respuestas de los adultos las que interrumpen esa curiosidad innata.

Es por ello que se necesitan en las aulas entornos facilitadores y estimuladores del descubrimiento. Espacios, tiempos y acciones para explorar, asombrarse, sorprenderse y entusiasmarse para aprender:

• Respetar ritmos y tiempos de aprendizaje individual.
“Generar experiencias en las que haya posibilidades de elegir, decidir y crear”.

• Evitar la sobrecarga de estímulos.
“Ofrecer momentos de tranquilidad y un uso consciente de los sentidos como estrategias facilitadoras del aprendizaje”.

• Fomentar la curiosidad.
“Evitar preguntas cerradas; y ante preguntas curiosas de niños y niñas, en lugar de responder directamente, repreguntar y ampliar esas preguntas para potenciar esa curiosidad clave para todo aprendizaje”.

• Proporcionar tiempos de juego.
“Diseñar experiencias en las que se pueda jugar creativamente para aprender, dejando vía libre a la imaginación y la creación”.

• Desarrollar confianza.
“Acompañar la manera propia de descubrir el mundo y hacer distinciones sobre cada logro, aprendizaje y crecimiento personal para validar el proceso”.

Flavia Sarquís

Educadora
Gestión Educativa
Coach Ontológico Acreditado AAcop-Ficop
Coach Educativo y Sistémico Organizacional
Diplomada en EE y Coaching
Asesora Pedagógica
Capacitación y Formación Docente